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Cómo llegó el Yoga a mi vida

Actualizado: 24 abr 2023

Sobre mí, y el Yoga como práctica de auto sanación





Llegué al Yoga en plena adolescencia, diría que

por necesidad; casi por supervivencia: habíamos

dejado de respirar, ella y yo. Mi Madre y yo.

Después de largos años de enfermedad, mi Mamá

partía de este plano; y yo, quizá como una manera

de acompañarla en su nuevo tránsito, sentí que me

iba también. Dejé de escuchar mis latidos, esa era

mi experiencia en el cuerpo. No podía respirar,

necesitaba ayuda. Y así fue como llegó Diani a mi

vida, mi primera maestra de Yoga. Diani… Una mujer

bajita y vital, de temperamento. Cada mañana,

corría los muebles de su pequeño living y

desenrollaba algunos mats. Sus alumnas eramos las

viejitas del barrio de Florida, y yo.

No sé si hacíamos mucho más que movimientos

articulares, ya no me acuerdo. Pero su voz, y su

presencia, bastaban. Y fue con ella que empecé un

camino de auto-sanación.

Parte vital de mi proceso fue aprender a hacer

consciente mi respiración: sentirla dentro mi

cuerpo, registrarla en su ritmo propio. Y

permitir, a su vez, que los pensamientos

descansasen en ese vaivén del ir y venir que

naturalmente sucede cuando inhalamos y exhalamos…

Me decía Diani: “Vos, cuando sientas que no podés

respirar, simplemente te sentás, ¡y no importa

donde estés!, te ubicas cómoda, apoyás muy


suavemente una de tus manos sobre tu vientre, y la

otra cerca del corazón; cerrás los ojos, para

luego llevar tu atención al movimiento de balanceo

de tus manos, que van a ir y venir, como las olas

del mar. Y así permaneces, el tiempo que

necesites…”

Esta práctica, en apareciencia simple, pero de una

profundidad inconmesurable, me volvió a la vida, y

me transformó, porque entendí que en un acto

consciente de voluntad y de observación, la Mente

y los pensamientos se rinden a los pies de lo que

es, el momento presente.

Decadas más adelante, en un proceso de

reinvención, “la crisis que precede a los

cambios”, recordé. Recordé a mi maestra, y tuve la

clara visión de que quería cambiar mi rumbo

actual, y orientarlo hacia el servicio: ayudar a

otros en el camino del bienestar. Y fue así como

llegó profesionalmente el Yoga a mi vida, que más

adelante se enriqueció con el estudio de

Astrología psicológica, y el trabajo sobre el

campo Energético, a través de la técnica de

Sanergía.

Me brota la palabra “Siendo”: Ser, Estar, Estar

con el Otro, Escuchar, Mover el Cuerpo, Liberar

las Emociones, Observar, Aquietar. Contemplar.

Vibrar alto. Intencionar. Rezar. Sentirme Viva.

Todo estas palabras de amor busco que se hagan

presentes en las clases que doy. Las invoco, las


invito a pasar. Y dejamos que suceda, la magia del

encuentro, entre ustedes y yo. En círculo, en comunión.

Toda mi bendición, amor, y mi agradecimiento

diario a Natalia Solvey, (que no se como

presentarla, porque es inmensa para mi). Natalia

es mi Maestra de Yoga, mi Gurú.

Y a Vir, Virginia Martinez, terapeuta junguiana,

astróloga y chamana (aunque no lo diga).

Pero ante todo a Daniel,Emilia, Matilda y Manuel.

La razon de todo. Por y para ustedes vivo. Mis

grandes maestros del amor.

Y a mi Madre, claro; quien me regaló la vida, y me

iluminó hacia el camino justo para mí. Somos un

circulo perfecto y virtuoso de amor.

 
 
 

1 comentario


Precioso relato... gracias por compartirlo, espero que lo lean muchos.

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Creada por Candela Soengas

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