Cómo llegó el Yoga a mi vida
- Pipi Faure

- 28 ene 2022
- 2 min de lectura
Actualizado: 24 abr 2023
Sobre mí, y el Yoga como práctica de auto sanación

Llegué al Yoga en plena adolescencia, diría que
por necesidad; casi por supervivencia: habíamos
dejado de respirar, ella y yo. Mi Madre y yo.
Después de largos años de enfermedad, mi Mamá
partía de este plano; y yo, quizá como una manera
de acompañarla en su nuevo tránsito, sentí que me
iba también. Dejé de escuchar mis latidos, esa era
mi experiencia en el cuerpo. No podía respirar,
necesitaba ayuda. Y así fue como llegó Diani a mi
vida, mi primera maestra de Yoga. Diani… Una mujer
bajita y vital, de temperamento. Cada mañana,
corría los muebles de su pequeño living y
desenrollaba algunos mats. Sus alumnas eramos las
viejitas del barrio de Florida, y yo.
No sé si hacíamos mucho más que movimientos
articulares, ya no me acuerdo. Pero su voz, y su
presencia, bastaban. Y fue con ella que empecé un
camino de auto-sanación.
Parte vital de mi proceso fue aprender a hacer
consciente mi respiración: sentirla dentro mi
cuerpo, registrarla en su ritmo propio. Y
permitir, a su vez, que los pensamientos
descansasen en ese vaivén del ir y venir que
naturalmente sucede cuando inhalamos y exhalamos…
Me decía Diani: “Vos, cuando sientas que no podés
respirar, simplemente te sentás, ¡y no importa
donde estés!, te ubicas cómoda, apoyás muy
suavemente una de tus manos sobre tu vientre, y la
otra cerca del corazón; cerrás los ojos, para
luego llevar tu atención al movimiento de balanceo
de tus manos, que van a ir y venir, como las olas
del mar. Y así permaneces, el tiempo que
necesites…”
Esta práctica, en apareciencia simple, pero de una
profundidad inconmesurable, me volvió a la vida, y
me transformó, porque entendí que en un acto
consciente de voluntad y de observación, la Mente
y los pensamientos se rinden a los pies de lo que
es, el momento presente.
Decadas más adelante, en un proceso de
reinvención, “la crisis que precede a los
cambios”, recordé. Recordé a mi maestra, y tuve la
clara visión de que quería cambiar mi rumbo
actual, y orientarlo hacia el servicio: ayudar a
otros en el camino del bienestar. Y fue así como
llegó profesionalmente el Yoga a mi vida, que más
adelante se enriqueció con el estudio de
Astrología psicológica, y el trabajo sobre el
campo Energético, a través de la técnica de
Sanergía.
Me brota la palabra “Siendo”: Ser, Estar, Estar
con el Otro, Escuchar, Mover el Cuerpo, Liberar
las Emociones, Observar, Aquietar. Contemplar.
Vibrar alto. Intencionar. Rezar. Sentirme Viva.
Todo estas palabras de amor busco que se hagan
presentes en las clases que doy. Las invoco, las
invito a pasar. Y dejamos que suceda, la magia del
encuentro, entre ustedes y yo. En círculo, en comunión.
Toda mi bendición, amor, y mi agradecimiento
diario a Natalia Solvey, (que no se como
presentarla, porque es inmensa para mi). Natalia
es mi Maestra de Yoga, mi Gurú.
Y a Vir, Virginia Martinez, terapeuta junguiana,
astróloga y chamana (aunque no lo diga).
Pero ante todo a Daniel,Emilia, Matilda y Manuel.
La razon de todo. Por y para ustedes vivo. Mis
grandes maestros del amor.
Y a mi Madre, claro; quien me regaló la vida, y me
iluminó hacia el camino justo para mí. Somos un
circulo perfecto y virtuoso de amor.




Precioso relato... gracias por compartirlo, espero que lo lean muchos.